Confidencialidad médico – paciente

confidencialidad médico - paciente

Confidencialidad médico – paciente

En medicina, la confidencialidad médico – paciente hace referencia al uso limitado de la información clínica y social que tiene el personal médico acerca del paciente. Actualmente, después de la declaración de los derechos humanos, se ha reafirmado que la relación clínica está basada en el reconocimiento de la dignidad de la persona y el respeto a la autonomía del paciente.

¿Sabías qué?

Todos conocemos ejemplos de casos en los cuales en sus círculos familiares o sociales no se ha respetado la privacidad de un enfermo relatando o comentando sus diagnósticos, hábitos de vida, preferencias sexuales o simplemente el hecho de consular a un psiquiatra, psicólogo o cirujano plástico. Son situaciones que casi con seguridad estas personas no habrían comentado y acerca de las cuales no autorizarían que otro lo haga. Sin embargo lo escuchamos involuntariamente casi a diario, unos pocos lo consideran inadecuado o desatinado, pero casi nadie lo considera incorrecto.

El médico y el paciente poseen el mismo derecho a controlar el uso de la información en aspectos relacionados con creencias u orientación sexual; estos datos deben ser protegidos ya que cualquier violación en la confidencialidad de los mismos repercute en el entorno laboral del paciente y médico, el consentimiento implícito del paciente al uso compartido de su información sensible se basa en la confianza.

A tener en cuenta

Entre las situaciones en las que se suele vulnerar la confidencialidad médico – paciente, hay algunas más graves por la sensibilidad de los datos, por el tipo de diagnósticos o de su contexto. En esta situación cabe mencionar los casos de enfermedades terminales, las enfermedades de transmisión sexual, las alteraciones psíquicas o de personalidad, lo referente a fertilidad y sexualidad, así como las situaciones de consumo indebido de alcohol o drogas.

Otra situación que agrega sensibilidad y por lo tanto otorga mayor importancia al secreto se relaciona con la etapa de vida de las personas como ocurre en la adolescencia. Por último es necesario hacer presente el deber de respeto a la confidencialidad de la información de los pacientes en relación con los medios de comunicación. Es frecuente que a los profesionales y a las autoridades de instituciones de salud se les pida información sobre la enfermedad, evolución y pronóstico de personas públicamente conocidas como políticos, artistas o deportistas.

Excepciones

Es importante saber que nadie puede tener derecho a recibir esta información sin la autorización explícita del paciente y esto implica un deber de reserva que profesionales y autoridades deben cumplir. Semejante a lo anterior es el caso de la exposición pública de casos de interés académico o docente, los cuales sólo se deberían utilizar con el consentimiento del enfermo o si lo anterior no es posible se debe hacer asegurando su anonimato. Sin embargo existen cinco razones clásicas por las cuales se justifica romper el secreto, en lo posible previa información al propio paciente.

  1. Por el bien del paciente o en casos en los cuales el tratamiento no es posible sin la colaboración de otros, como ocurre por ejemplo en casos de tratamiento de enfermedades psiquiátricas, adicciones o de enfermedades agudas o crónicas en pacientes parcialmente dependientes.
  2. Por decisión o consentimiento del paciente quien pide o acepta que otras personas, habitualmente sus familiares sean directamente informados por el médico. Es frecuente por ejemplo que personas de edad avanzada o algunos enfermos oncológicos prefieran que sea el médico quien informe a sus familiares los detalles del diagnóstico o del pronóstico.
  3. Por razones de bien común o por la autoridad de la ley como ocurre en situaciones en las cuales la autoridad sanitaria necesita conocer la ocurrencia de enfermedades mediante su notificación obligatoria o si se requiere investigar complicaciones o riesgos de epidemias.
  4. Por el bien de terceras personas que corren riego de daño provocado por un enfermo como por ejemplo ante enfermedades contagiosas como VIH o en pacientes con trastornos de personalidad que significan riesgos de abuso o violencia hacia terceros.
  5. Por incapacidad del paciente quien no puede comprender la información médica ni cumplir con el tratamiento. Esto ocurre evidentemente en niños menores cuyo cuidado está a cargo de sus padres, pacientes de la tercera edad o en pacientes con demencia.

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